30 mar 2011

Tu primerra comunión

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TU PRIMERA COMUNIÓN

Juan se llama mi lucero
mi niño arrogante y bueno,
mi niño que será hombre
pensando mucho en su abuelo.

Hoy comulgando es un Santo,
hoy comulga como bueno;
y hoy con el cuerpo de Dios
él podrá llegar al cielo.

Sigue así, corazón mío,
sigue aprendiendo a ser bueno
para cuando seas mayor
seas un hombre de talento

Sólo una vez en la vida
se puede subir al cielo.

Sólo una vez en la vida
vivimos los recuerdos.

En la iglesia de este pueblo
comulgó también tu abuela
la que con tanto cariño
dio la vida a tú madre buena
comulgas hoy, tú; mi niño:
y te rodean tus abuelos
que con la fe y el cariño
de quién te quieren de veras
te desean felices años
y que tus padres lo vean.

Virgen del Carmen Bendita
Patrona de este gran pueblo
coge mi niño en tu manto
que te lo pide su abuelo.

Dale tú, tu bendición,
porque él se lo merece
que con tan santa bondad.....

21 mar 2011

Quiero ser Fuerte

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Ando perdida
Quiero ser fuerte
me asomo a la ventana
y veo una persona indecisa .
no sabe que camino debe seguir
mira a un lado y otro
pero no toma ninguna decisión

¡Cuánto me  gustaría preguntarle¡
¿Necesitas ayuda?
Te veo con la mirada perdida
Tienes  miedo
No puede ser
Tú eres incompatible con el miedo
Acaso estés confundida
por lo que tienes que pasar
Me acerco y le digo muy bajito
Sabes que no estas sola
Llama a tu AMIGO, corre, qué esperas..............................................

Necesito compañera

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Esta travesía  es dura  y muy larga
La experiencia  me dice.
En compañía es más fácil
Por eso pienso buscar la  alegría
¿alguien sabe dónde está?.

A mí encuentro salen otras compañeras
                                  
Una se llama desazón
y me dice déjate llevar
no luches mas
De qué te sirve estar siempre en guardia (de nada)
dame la mano y reposa .

Cuando creo quedarme tranquila
Llama el dolor
Con sus muchas facetas
Llamase  espalda,  quemazón,  impotencia
Tiene tal fuerza  y habilidad
que te invade y sientes que llega hasta el alma

También me deja su mensaje la  tristeza
pero yo necesito ser fuerte para vivir
y tener a mi lado la alegría

9 mar 2011

El pescador

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Un banquero de inversión americano, estaba en el muelle de un pueblito caribeño, cuando llegó un bote con un pescador. Dentro del bote había variaos atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió  al pescador por la calidad del pescado, y le preguntó;  cuanto tiempo le había tomado pescarlos. El pescador respondió que solo un poco de tiempo. El americano luego le preguntó por qué no permanecía  más tiempo y sacaba  más pescados. El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las  necesidades  inmediata de su familia. El americano luego preguntó: - ¿Que hace usted con el resto del tiempo? . E l pescador dijo: después de pescar, descanso un poco, luego juego con mis hijos, hago siesta con mi señora María, voy al pueblo por las noches donde tomo vino y toco la guitarra con mis amigos.  ¡! Tengo una vida placentera y ocupada!!
El americano replicó: Soy un MBA de Harward y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote mas grande,  después con las ganancias  podrías comprar varios botes, y eventualmente tendrías una flota de botes pequeños…. En vez de vender el pescado a un intermediario, lo podrías  hacer directamente  a un procesador, y eventualmente abrir tu propia procesadora. Podría así mismo controlar la producción, el procesamiento y la distribución.  Deberías salir de este pequeño  pueblo e irte a la capital, donde manejarías tu empresa en expansión.- El pescador preguntó : pero ¿ Cuanto tiempo tarda todo eso?. A lo cual responde el americano; entre 15 y 20 años. ¿Y luego qué? Replicó el pescador. El americano se rió y dijo  que esa era la mejor parte. Cuando llegue la hora  de verías anunciar un IPO (oferta inicio de acciones)  y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.—Contestó el  americano.—Millones .--¿Luego qué? Replicó el pescador. – Dijo el americano. Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblecito en la costa puedes dormir hasta tarde, pasear un poco, jugar con tus hijos, hacer la siesta con tu mujer, caer todas las noche al pueblo donde tomas vinos y toca la guitarra con tus amigos.
El pescador, respondió: --¿A caso eso no es lo que tengo ya?
MORALEJA
Cuanta vidas desperdiciamos  buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos.
La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos, no sentirnos mal por aquello que no tenemos.—Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas. –-LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO.

Un poco de historia de un quintento

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Fernando Rugero
07/03/2011

Cuando yo era joven, allá por la década de los 50 del siglo pasado, formábamos un quinteto de amigos, que éramos muy homogéneos en todos los eventos que se nos ocurrían.  Solamente uno de nosotros, un tal Nicasio,  que nos sacaba de quicio por su pesimismo, era el que más se marcaba en el grupo, tanto que por aquella época le decíamos  “el pájaro de mal agüero”. Siempre  veía el lado malo de las cosas. Los demás nos inclinábamos al optimismo en todo, o sea que veíamos las cosas con un sentido favorable.
Cada uno de nosotros teníamos,  nuestra cualidad, que nos valía para contar historias, chistes, o el caso de Alberto que hacia juegos de manos.- Voy  a dar a conocer nuestros nombres y  cualidades: Diego y Pepe contaban chistes. –Eran muy bueno, ellos decían que todos los días, o como máximo cada dos días, tenían que contar uno diferente.- Algunas veces lo mezclaban.
Alberto hacia juego de mano, y era muy bueno.- Con una pelota en la mano sacaba cinco.-  Fernando que soy yo, contaba historias inventadas y nos reíamos mucho.
Nicasio,  este era  su nombre y su cualidad,( ser pesimista), fíjese que este Santo murió mártir, hasta para eso le venía bien  este nombre, pero para más inri fue heredado de su padre que también se llamaba “ Nicasio.”- Y era tan malo que flotaba en cualquier líquido sin hacer esfuerzos; esto era su herencia paternal.- Valla porvenir que tenia para el futuro, este tío.
Bueno era tan pesimista el tío, que no veía nunca las cosas de color blanco o rosa, todo lo veía de color negro. – Era tan – tan que cada vez  que aparecía nos  echábamos a temblar.- Decíamos.- ¡Ahí  viene el pájaro de mal agüero!
En cierta  ocasión  estábamos  planeando una excursión a la playa, y cuando él se enteró; lo primero que dijo fue.- No creo que podamos ir. ¿Por qué le preguntamos?.
Porque el día 15 de agosto va a llover torrencialmente.- Le contestamos.- Eres tan mal pájaro que te equivocara.- Como va a llover en verano y en agosto.- Pues acertó el tío, ese día no pudimos ir a la playa.
Desde entonces cada vez que planeábamos  algún evento, consultábamos con él, o sea con el “pájaro de mal agüero”.- Unas veces acertaba y otras no.
Eso sí lo de “pájaro de mal agüero se le quedo, y ya pocas veces le decíamos Nicasio.
Pasó el tiempo y cada uno fuimos cogiendo distintos derroteros, a este pájaro no lo he vuelto ver jamás, no sé si lo tragó la tierra  o lo mataron los optimistas, personaje como este no debe de abundar muchos por este mundo.
Un saludo, atentamente.              

A mi hija Ana con cariño

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A mi niña ya mujer,
con amor la felicito
en el día de su santo
que es un “día muy bonito”

Hija de mi corazón
en mi memoria te llevo
con cariño te recuerdo
en fecha tan señalada

En el día de tu santo
este verso te dedico
porque me sale de dentro
con amor y con cariño

No soy poeta ni sabio
soy tu padre que te adora
y lo mismo que tu madre
pensamos en ti, a todas horas

8 mar 2011

Guadalquivir

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Alberto Luis Arellano
1 de marzo de 2011
         
Desde relumbrante faro,
en el  muelle de Bonanza,
oteando  en la  lontananza,
quiero  ver surcar tus naves,
hasta  Isbilya  arribar.
Y usando de sirla tu veleta,
en tus profundas venas ,
las leyendas de tartesios,
fenicios y musulmanes,
quiero, con brío afianzar.
Y volver a expoliar las naos,
que vienen del viejo mundo,
con el ímpetu invencible
de bravos conquistadores
Y observar en noches oscuras,
empinándose en la olas,
a los nuevos porteadores,
crueles y desalmados,
de fardos de muerte lenta.
Y en tu delta de ancho talle,
verde, tranquilo y turbio
quiero sumergirme hondo
y buscar aquí en tu fondo
de sal, de arena y de limo
escondida entre dos aguas,
de la Atlántida, un vestigio
para recuperar el prestigio
de  poderosos atlantes
Y contemplar a los niños,
cuando la marea baja,
escuchar en caracolas
los cantos de las sirenas,
que con batir de flamencos
se sienten en Doñana.
Y con un levante otoñal
ver retornar las barcas
al abrigo de tu barra.
Y  decirle a Doñana
que yo también la he querido
cuándo hacíamos el amor
en las marismas del Rocío,
o cantándole a la Virgen
postrados en las arenas
entre millares de velas
con un quejido muy hondo
mezcla de canto y suspiro.
Y reflejarme en las dunas
que claman blancas salinas
Y perderme en tus marismas
llenas de potros y aves.
Y en ambas márgenes del río
caminar descalzo de amores
entre pinos piñoneros
por tus ardientes arenas
al sur, entre ambos vientos.
Me gusta que no seas mar, si no río,
y que al Atlántico fluyas.
Me gustan tus amplias mareas
mezcla de olas y arenas ,
de océanos y de río.
Me gusta el agridulce sabor
de tus agua de la Sagra 
 desembocando en el Ponto
 Me gusta que no seas mar, si no río.
Y cuándo llegue mi fatal día,
al no poder contemplarte,
decidle al mejor barquero,
que seguro está en Bajo de Guía
que como el de Estigio
me ponga una moneda
en mis párpados rígidos
y me atraviese con su nave
justo hasta la otra orilla
Y frente a Bonanza luego
desembarcarme en la riba
y embozarme con la manta
que no me hiele el rocío.
Y en la roja puesta de sol,
aprovechando su quema
esparcir mis cenizas por el río
mientras se escucha el eco
de una copla marinera
Porque  yo quiero vivir
y también quiero morir
aquí junto a la orilla
del río Guadalquivir 

8 de marzo: Día de la Mujer Trabajadora.

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Beatriz la hija de Piedralipe.
Secretaria de la Asociación de Mujeres de Bornos “Fernán Caballero”.
Dedicado a A la Asociación de Mujeres, Fernán Caballero

Mujer de fuerza extrema, no dejes que esa fuerza se afloje.
No dejes que nadie te maltrate, solo déjate respetar y respetarte.
Tú misma, si te cae levántate, saca tu fuerza y piensa.
Que después de cada logro hay otro desafio, porque no hay lucha sin esfuerzo ni esfuerzo sin libertad.
No nos encerremos en nadie, seamos nosotras mismas.
Si no podemos correr andaremos, si no podemos andar, pararemos; pero nunca dejaremos de luchar por nuestra libertad e igualdad.
Aunque ya, paso a paso, con mucho esfuerzo hemos logrado que las mujeres entremos en el ámbito laboral, ya tenemos puestos importantes: Delegadas, Ministras, Abogadas, Arquitectas y todo lo demás, pero aún así, hay que seguir luchando, pues con todo lo que se ha logrado, todavía hoy te siguen discriminando, con el mismo trabajo y los mismos estudios. Si tienes un compañero seguro que él cobrará más que tú cobrará, y dicen que hay ¡Igualdad!
¿Igualdad dónde estás que no te encuentro?
Te busco en lo más hondo de la sociedad y sólo encuentro silencio.
Te busco en la profundidad de los mares y no te veo
Le pregunto al viento ¿Dónde está la Igualdad?
Y me suele contestar:
¿Eres ama de casa?
Si lo eres, nunca la conseguirás.
Es un trabajo que nadie sabe valorar, no tienes vacaciones no tienes nada, ni siquiera hora para terminar.
Por eso este homenaje se lo queremos dedica a varias Amas de Casa que donde quiera que estén, sé que me van a escuchar
PAQUITA “LA DE CORREOS”: “Gran Costurera”
ISABEL “LA CANELA”: Con sus llaves siempre dispuesta.
ROSALIA: Amable con sus compañeras.
CARMEN “LA BOTIJA”: con sus labores.
ROSARIO “LA REALILLA”, siempre cuidando a sus nietos.
Y MAY, esa MAY, era alegre, divertida, a su vera no había penas.
Todas sabemos que en el Cielo también existe nuestra asociación de mujeres, hoy día de la mujer trabajadora, conociendo, a MAY.
Seguro que ellas también lo estarán celebrando, pues todas eran grandes trabajadoras.
Con cariño de sus compañeras, nunca las olvidaremos.

1 mar 2011

A UN ABUELO FELIZ

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Por Francisco López Martínez

     Sentado en la terraza de un bar que hay en una placeta acogedora, tranquila, con una fuente en el centro, algunos viejos en los bancos. fui espectador, como siempre, de una escena del teatro de la vida, sencilla, hermosa como la juventud, suave y pacífica como la vejez.
     Al poco tiempo de estar allí,  se acercó a la sombra que protegía del sol, un abuelo joven con el cochecito del niño, colocó el coche de forma que no diese el sol al niño, del que yo no veía nada más que unos pies empeñados en quitarse los zapatos, nada más llegar, el abuelo comenzó a hablar al niño, siempre las mismas palabras. ¡!que bonita es mi niña!! Que bonita es mi niña!!, pero era tanto el cariño que transmitían y tanta la dulzura, que parecían siempre diferentes, al poco tiempo se acercó una joven señora, la conozco un poco de habarla vista trabajar en el pequeño bar, y continúo igual que el abuelo, mismas palabras, mismo cariño, misma música, le pregunté si era hija suya, me contesto que sobrina, la escena siguió largo tiempo; el abuelo giró el coche para proteger del sol al niño, le ví la carita, sonriente, feliz y yo conteniendo unas lágrimas oí desde lo más profundo de mi sensibilidad las mismas palabras que mil veces he repetido a una nietecilla.

25 feb 2011

EL MILAGRO DEL AMOR

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Por Francisco López Martínez

Recuerdo de un rostro de mujer en una película americana, siendo yo adolescente.
En una ciudad cualquiera, en la fiesta de la noche más importante del carnaval !!ilusiones, esperazas, olvidos!! Vuelan en un mundo diferente, esta noche todo es distinto, y la libertad, estandarte de la felicidad, invade la noche y las el mas.
Esa noche, una mujer joven, en su casa, ante el espejo, ve un rostro nada afortunado, se siente hija de un dios menor, tiene dudas, piensa no salir de casa, la inquieta su fealdad, alguna lágrima de tristeza sin destino se desliza lentamente por su rostro, pero la mujer coge y valiente, decide ponerse la careta que oculta igual belleza que cicatrices del alma y sale al encuentro de la noche y del destino
Disfrazada con elegancia, su hermoso cuerpo se mezcla a personas alegres en busca de lo incontable en el barrio, un baile popular atrae a la gente con la música que ofrece una humilde orquesta, ella, se acerca solo, a oír la música, y es tanta la serena armonía que su cuerpo desprende, que un hombre pide acompañarla en el baile; así empieza lo que ella teme que termine. A un baile sigue otro, a una hora otra, la noche se eternizo, la felicidad ha hecho presa en dos jóvenes que no se conocen, pero un reloj señala la hora fatídica, gentes que no se han visto nunca van a descubrir sus rostros, ella duda y quiere huir, pero a través de la máscara de él, ve unos ojos que ruegan seguir juntos, y a la última campanada, al descubrir sus rostros ve nobleza y asombro en el hombre, baja sus ojos con tristeza, pero él toma su cabeza con la dulzura del amor y ve el rostro más bello que jamás pudo imaginar, se abrazan ilusionados y comienza para ellos la dicha eterna de la juventud.
      Pintan ciego el amor, no es cierto. El amor es el milagro eterno de la vida.

MIS NIET@S Y YO

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Por Antonia Perez Jimenez .

            Era un día de primavera, maravilloso, todo estaba muy verde. Fuimos al campo a una casita que tenemos allí,llamada “ El Campito” que está situada en un lugar privilegiado de la zona porque está muy llano. Vinieron mis hijos y nietos, tengo dos hijos y cada uno tiene un hijo y una hija. Es decir, fuimos la familia casi al completo.
            Entramos en la casa para hacer la comida y los niños que eran cuatro, se fueron a la calle a jugar. Hicieron una tienda de campaña con unos toldos que teníamos de coger las aceitunas, se metieron todos dentro y cuando más tranquilos estábamos escuchamos gritos, salimos corriendo y vimos que a mi nieto Rafael al salir de la tienda de campaña, su primo sin querer le dio en la cabeza con una  machota. Le hizo mucho daño. Que miedo pasamos todos, ¡ madre mía!. Le corría la sangre por toda la cara. Mi hija que tenía el coche allí lo cogió corriendo y lo llevó al pueblo que está a 7 km, al centro de salud donde le pusieron siete puntos. Fue un día muy amargo, el día de campo se fastidió.
            Bueno ahora este nieto ya tiene 21 años, os podéis imaginar todas las anécdotas que me han pasado con este niño. Este es el más pequeño de mis nietos. En la actualidad es marino, está embarcado en El Cano para dar la vuelta al mundo.  Aunque está muy contento, nosotros sus abuelos y los padres estamos preocupados, ya que está muy lejos.
            Ahora os contaré algo de mi nieta la mayor, que  por cierto tiene un nombre muy bonito; Margarita.  Esta niña es un encanto, cariñosa, le gusta mucho hacer trabajos manuales. Cuando era  pequeña lo que mejor recuerdo de ella es que no quería comer, estaba muy delgadita, además padecía de los bronquios. Siempre estaba tomando  medicamentos y de camino al médico. Nosotros sus abuelos, la llevábamos al campo para que le entraran ganas de comer y respirara el aire puro, ni aún así mejoraba.
            Bueno no quiero ser muy pesada, pero a mis cuatro nietos los quiero un montón, a ellos también les gusta como soy, una abuela moderna que le cuenta historias de cuando  eramos  jóvenes. Las  historias y anécdotas que me han pasado a lo largo de mi vida las podría escribir, no en cuatro folios, sino en un libro completo.
            La historia que más les gusta escuchar es cuando le cuento  lo siguiente:
            Recién casada me fui a Brasil por los años 60, allí que le voy a contar, un mundo nuevo para nosotros, una vida totalmente diferente a la nuestra. Acordándonos de nuestra familia y de nuestro querido pueblo que se llama Algodonales y esta situado en la sierra de Cádiz. Cuando estaba allí y escuchaba a Juanito Valderrama cantar “Adiós mi España querida....” no quiero contarles lo que a mi me entraba por el cuerpo. Me recorría un escalofrío indescriptible desde la punta de los pies hasta mi cabeza. Bueno...., por cierto mi hijo, nació allí, se llama Rafael, al igual que su hijo. Mi hija, la mayor tenía nueve meses cuando íbamos en el barco de camino a ese país tan desconocido. El barco, que ya no existe se llamaba San Vicente y tardo doce días en llegar al puerto. Esta historia o parecida la pasaron por aquellos tiempos muchas familias.
            Así como iba diciéndoles, los nietos se quedan muy atentos y sorprendidos de todo lo que les cuento a  lo largo de los años que pasamos allí. También les gusta mucho escuchar cuando les cuento otras vivencias en otros países, ya que al volver a nuestra querida tierra después de seis años nos fuimos a Bélgica. Por circunstancias de la vida hemos emigrado mucho, buscando nuestro pan de cada día.
            Mi nieta Margarita, de la que ya os he hablado antes,  ya es toda una mujer de la cual estamos muy orgullosos tanto sus padres, como sus abuelos. Terminó la carrera de Restauradora y ahora se marcha a Francia para aprender la lengua. Por cierto  cuando yo estaba en Bélgica aprendí algo de francés, de lo cual ya se muy poco porque se me ha olvidado.
            Ahora, a mi edad que son 73 años los que tengo, quiero aprender un poco de informática, me esta costando la vida. También necesito manejar el móvil, esto  ya lo estoy comprendiendo poco a poco. Que pena que fuera mas joven, al igual que mis nietos aprendería más fácil todo lo relacionado con las nuevas tecnologías. Al igual que yo estoy orgullosa de mis nietos, a ellos les gustan las metas que me propongo. Nuestra profesora que es un encanto, nos ayuda  y tiene tanta paciencia con nosotros.
            Tengo otra nieta que se llama Elena, ésta en hablar se parece a mi, no para. Es cariñosa, estudiosa, trabajadora.  Terminó su carrera y trabaja en Málaga. Málaga es una ciudad bella y maravillosa. A esta niña le gusta cantar, se parece a su bisabuela Lola, que era mi madre, que también cantaba. A Elena le gusta la música, hace unos años gravó un disco. Es viva, nerviosa, guapa por donde quiera que va, la quieren y se da a querer. Cuando era pequeña estuvo unos días en mi casa porque los padres se fueron de viaje.  Elena me decía:
                 -  ¡Abuela!, cántame un nana.
Yo en aquel tiempo también sabia cantar algo y le cantaba la nana:
“Esta niña pequeñita no tiene cuna,
su papa es carpintero le va a hacer una”
La verdad es que su padre era carpintero y su abuelo Diogenes también.
Mi otro nieto, se llama Daniel, era precioso cuando era un bebé, y lo sigue siendo. Es nervioso, pero anduvo antes que ninguno y habló más pronto que su hermana y sus primos. El día de Reyes era para verlo, decía:
-¡Mamá, papá he visto el rey negro en el camello!
Tengo una chimenea en casa y delante le poníamos los juguetes, no quería ni abrirlos de nervioso que se ponía. Cuando los abría, ponía una cara tan triste... y decía:
-¡Esto no es lo que yo quería!- y se le iba la noche llorando. Ya es mayor tiene 24 años, esta siempre atento a nosotros y orgulloso de lo que hemos luchado en la vida y el valor que tuvimos de irnos al extranjero a la aventura.
A las personas que lean estas líneas que con cariño les he escrito quiero decirles que, lo más importante en la vida es luchar por lo que tenemos y ser felices con la familia, sobre todo con los nietos.
Todos mis nietos gozan buena salud, estamos jubilados, tenemos nuestra casa, una casita en el campo ganada con nuestro trabajo, que mas podemos desear. Así que seguimos en el pueblo y si quieren conocerme aquí os espero.
Con cariño, Antonia Pérez Jiménez.

15 feb 2011

EL VIAJE DEL ABUELO

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Había una vez un matrimonio que vivían en una casa de campo cerca del pueblo, eran felices con su vida sencilla y con su campo. El señor Juan tenía su huerto sembrado de toda clase de verduras. La señora Julia tenía doce gallinas que cuidaba con esmero. La casa era muy bonita, con muchas ventanas y mucha luz, en el salón tenía una chimenea que cuando llegaba el invierno siempre estaba encendida. En aquella casa había paz y armonía, aunque siempre se echaban en falta los hijos y los nietos. Estos se fueron a Madrid en cuanto se hicieron mayores, se colocaron allí y se casaron también. Por las fiestas de Navidad venían a visitarlos, cuando llegaban, por la puerta entraba la alegría.
Un día de estos estaba el matrimonio sentado a la vera de la chimenea, el perro que era muy grande estaba tendido entre los dos, el gato debajo de la butaca de Julia, y el canario regalaba sus alegres cantares a los cuatro. Juan estaba pensativo y su mujer le pregunto:
-¿Qué te pasa que estas tan callado?.
Pienso en nuestros hijos y  me gustaría que fuésemos a Madrid a visitarlos, nosotros no hemos ido nunca. Conmigo no cuentes, a mi me da miedo un viaje tan largo, y según cuentan los niños Madrid es muy grande y hay mucha gente por todas partes.
Julia escribió a sus hijos contándole que a su padre le hacía ilusión viajar a Madrid para verlos, pero que ella no iría y se quedaría en casa para cuidar a los animales. Los hijos se pusieron muy alegres de la visita de su padre y le compraron un billete de tren para que fuese a visitarlos.
Aunque a Juan no le gustaba la idea de viajar solo,  nunca se habían separado de su mujer, pero Julia lo tranquilizo, diciéndolo que Ana su vecina le haría compañía, además tenía al perro  y al gato que siempre le hacían compañía. Y empezaron los preparativos del viaje, en una maleta la ropa, en un canasto el chorizo y los huevos frescos. Y  el encargo de que tuviera cuidado con la cartera del dinero. Se despidieron deprisa y un poco atribulados  con tanta cosa por cargar.
Cuando llego a Madrid estaba cansado del viaje tan largo, en la estación le estaba esperando uno de sus hijos con el nieto mayor, cuando vio la estación quedo asombrado, pues era enorme y con gente corriendo de un lado para otro.
Subieron al metro en volandas, él perplejo, no entendía porque la gente corría tanto, se empujaban y no mediaban palabra alguna. Su hijo y nieto no supieron responder.
Cuando por fin llegaron a casa de su hijo, que vivía en un piso, tuvieron que subirse  en el ascensor, y eso a Juan no le gustaba mucho, y pensó que qué distinta era la vida en la ciudad.
 Saludo al resto de su familia con mucha alegría y conversaron todos durante un buen rato, todos le escuchaban con atención:
-       Cuando yo era un zaga lote, e íbamos a visitar a la familia, que vivía en el pueblo de al lado, a mí me subían al burro, mi madre preparaba las alforjas y nos echaba pan, morcilla y uvas para el camino, a mi padre no se le olvidaba echar también la bota de mosto que el mismo pisaba. Y allá que íbamos, echábamos dos días en llegar, cuando se hacía de noche en el camino comíamos y luego tendíamos una manta y allí mismo dormíamos, en verano yo me dormía mirando al cielo, pues me gustaba contar las estrellas. Allí me quedaba dormido junto a mi padre. Al día siguiente cuando amanecía los pajarillos empezaban a cantar y nos despertaban temprano y veíamos conejos, liebres y perdices por todos los campos. Una vez mi padre no apretó bien la cincha del burro y cuando más tranquilos estábamos se aflojó, el aparejo dio la vuelta y yo salí rodando, pero no me pasó nada.
 Los nietos escucharon la historia del abuelo con mucha atención y no  pareciéndole  bastante con la que les había contado,  querían que éste les contara otra historia más, pero eso sería mañana pues estaba muy cansado.
Al día siguiente el hijo y el nieto mayor se pusieron de acuerdo para que este último enseñara un poco Madrid al abuelo.
Lo primero fue llevarle a la panadería industrial del padre de un amigo suyo. Cuando llegaron les dejaron entrar por dentro para que la vieran, el abuelo se quedó asombrado, el horno tenía las puertas metálicas, había muchachos y muchachas vestidos de blanco que ponían las barras de masa en unas estanterías con ruedas y las metían en aquel horno tan grande, entonces el abuelo tras ver cómo eran las panaderías  de ahora, empezó a relatar cómo eran antaño.
-       Me acuerdo cuando mi padre y yo íbamos al molino a llevar el trigo que habíamos recogido del campo y el molinero nos lo cambiaba por harina. A mí me gustaba mirar el techo que era muy alto y tenía muchas telarañas llenas de harina, la molinera que era regordeta, siempre me daba un pico o una rosquilla de pan recién hecha. Después mi madre que tenia la artesa preparada, amasaba el pan y mi padre preparaba el horno de piedra que teníamos detrás del rancho para que se fuera calentando mientras mi madre amasaba. Parece que la estoy viendo con el pañuelo en la cabeza, el delantal blanco y las mangas remangadas por encima del codo. Cuando estaban hechas las teleras, las ponía en una tabla, las pinchaba, las tapaba con un paño y después de subir las cocían en el horno y estaban buenísimas.
           Después de la visita a la panadería decidieron llevar al abuelo al centro comercial, para que lo  viera, eso seguro que le asombraría y aprovechar también para comprar un regalo a la abuela.
     Al día siguiente cuando desayunaron se pusieron en marcha.
           Cuando llegaron al centro comercial el abuelo quedó parado en la puerta admirado con tanta gente entrando y saliendo, el nieto cogió al abuelo del brazo para que no se perdiera y le dijo:
-       Vamos a subir a la otra planta por las escaleras mecánicas, tú pones el pie cuando yo  lo ponga y te quedas quieto. Cuando llegaron a la otra planta el abuelo dijo:
-       Yo prefiero subir por la escalera normal, que tengo las piernas buenas todavía.
Mientras, el nieto, no dejaba de reír.
-       Quisiera que se me quedara en la mente todo esto para explicárselo a la abuela.
-       Anda, ponte ahí, que te voy a hacer una foto para que se la enseñes a la abuela.
-       ¿Qué le vamos a comprar?
-       Le compraremos aquel pañuelo tan bonito y unos pendientes.
El abuelo se quedó mirando a todas las dependientas y dijo:
-       Son todas tan bonitas, no hay ninguna fea.
-       Cuando lleguemos al piso te contaré como era el comercio en mis tiempos.

            Ya cansados decidieron regresar a casa, para subir al piso tuvieron que coger  el ascensor, aunque al abuelo no le hacía ninguna gracia y comento:
-       No me hace gracia meterme otra vez en esa alacena, pero bueno tendré que acostumbrarme a los cambios de hoy en día.
           Estaba muy cansado pero feliz de haber visto tantas cosas. Se sentó en el sofá, los nietos más pequeños se sentaron a su lado. La nuera le trajo un vasito de zumo para reponer fuerzas. Los niños esperaban otra historia y el abuelo sonrió al ver sus caritas.
-       Pues veréis, cuando tu padre y tu tío eran como ustedes ahora, en el pueblo  no había ninguna tienda. De cuando en cuando venia un hombre con su camión, le decían el buhonero, traía de todo, mantas, zapatos.. Tu abuela se enteraba por las vecinas y me decía que era menester ir, pues las botas de los niños ya estaban muy gastadas. Yo preparaba la burra blanca que era la más noble, y tu abuela se subía con tu padre y tu tío y allá que íbamos. Después de comprar las botas, algunas telas y alguna cacerola dábamos una vuelta por las calles del pueblo para saludar a los parientes y vecinos conocidos.
Un día nos encontramos a un hombre que cambiaba las suelas de las alpargatas viejas por juguetes, tu padre y tu tío llevaban una bolsa llena de ellas para cambiar. A la vuelta de una esquina apareció también un muchacho con una cajita de dulces pregonando.
-        Cómpreme el gallito, la gallinita….
-       Cuando volvíamos a casa veníamos contentos y cansados.
-       Bueno ¿y mañana que haremos?, mañana iremos al retiro abuelo para que lo conozcas.
            A la mañana siguiente todos fueron en el coche, los pequeños se peleaban por ir a la vera del abuelo. Esto me gusta más que el metro decía el abuelo.
           Éste iba mirando las calles y avenidas, pasaron cerca de la Cibeles, de la Puerta de Alcalá y por fin al Retiro. El abuelo estaba admirado de ver aquellos árboles tan altos,  tantas plantas y flores tan bien colocadas. Los nietos estaban contentos, tiraban del abuelo de acá para allá para ver todo. Hasta vieron una ardilla y todo.
Él iba disfrutando de todo lo que veía pero de vez en cuando se quedaba callado, los niños que se daban cuenta, le preguntaban,
-       ¿Que te ocurre abuelo?
-       Echo de menos a la  abuela.
-       ¿Porqué abuela no ha querido venir?, porque es muy asustona y le da miedo viajar.
Entonces el abuelo comentó:
-       Ya es hora de volver, tengo que amarrar las lechugas.
-       Y para que las tienes que amarrar, ¿para que no se escapen?
-       No chiquitín, para que salgan los cogollos blancos y tiernos.
-       Entonces vamos a amarrar al pequeño para que se ponga más blanco, que está muy moreno.
-       Ni se os ocurra, dijo la madre, mientras todos reían.
-       Cuando vengáis al pueblo os voy a enseñar a sembrar patatas y maíz, y otras muchas cosas.
Unos de sus nietos comento:
-       Yo me voy ya abuelo, que la escuela es muy pesada y la seño me regaña mucho.
         El abuelo iba muy contento de todo lo que había visto y de lo que le llevaba a la abuela, también llevaba muchas fotografías que habían hecho sus nietos durante toda la visita para que las viera la abuela. Sus hijos y nietos fueron todos a despedirle en la estación, contentos de que hubiera venido y un poco tristes de que ya se marchara. Todos prometieron ir al pueblo para Navidad.
            Juan de regreso a su pueblo, iba contento de volver a ver a su mujer, de volver a la tranquilidad de su vida en el campo, de volver a oír a los pajarillos silvestres y a sentir la brisa fresca en la cara. En fin todo lo que le faltaba en la capital.
            Después del tren el autobús le dejo al comienzo del carril que llevaba hasta su rancho. Ni le pesaba la maleta ni le pesaban los pies, volver a su casa por aquel carrilillo le rejuvenecía el alma y a pesar de que echaba de menos a sus hijos y nietos su corazón iba loco de contento de ver a Julia, su esposa.
            Y allí, en la puerta de la casa, con el vestido de los domingos, estaba esperándole de pie, con la misma alegría y brillo en la mirada de cuando novios Julia.

CALLE ANCHA

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Un 24 de septiembre de 1965, de mi casa yo salí
a mi mujer a mis hijos, a todos los dejé aquí
el 24 eché en Cádiz, el primer día que falté
y las 5 de la tarde, al instituto marché
a recoger el pasaporte y los papeles también
me marché para la estación, para montarme en el tren
hasta llegar a Madrid como cosa natural
al llegar a la estación, el tren se empezó a parar
y allí nos echamos pa abajo y nos empiezan a nombrar
un señor con una trompeta que decía las maletas
aquel coche, los hombres, al autocar
que vais al instituto
y después vais a almorzar
y en efecto que así fue que nos dieron de almorzar
una paella muy buena, también dos bollos de pan
también  unos muslos en salsa, también un pastel detrás
nos fuimos a  la terraza
y allí empezamos a charlar
unos compraban carpetas,otros compraban postal
o una baraja de cartas para en Alemania jugar
y yo me hallaba aburrió y yo no compraba na
Por fin, a mi se me vino
También compre una postal
Y me acerqué a una mesa y a un hombre le empecé a hablar
Muchacho quiere hacer el favor de escribirme esta postal
Si señor que se la escribo, tráigamela usted pa ca
Me empieza  a hacer preguntas, para quien iba a ir dirigida
Y me la da por termina y yo la he echado a correos a mi casa destina
Yo al muchacho lo conozco, yo sé que se llama Juan
Por apodo es el sharanga es un hombre mu formal
Y las 9 de la noche, empezamos a caminar
En Alemania me encuentro y la fábrica es la opel
En mi vida he visto yo, señores allí tantos coches
Y el coraje que me da, es el turno de la noche
Que a las 4 de la mañana señores hay que levantarse
Y si tu eres perezoso y no te quieres levantar
El ruido de los compañeros, del colchón a ti te echará
Y yo cuando me levanto y me acuerdo de mi casa
Que allí deje a mi mujer y a mis hijos de mi alma
Ya no me alegra el dinero, ni los marcos de Alemania
Me alegran los autocares, esos que salen pa España
Y yo en uno me voy a montar y el loco me voy a hacer
Y no me voy a echar abajo, hasta que no esté en Jerez
Que allí cojo un Amarillo y en Bornos me voy a encajar
Con mi mujer y mis hijos y de Alemania Chacatrá ¡Ni Hablar!