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1 mar 2011

A UN ABUELO FELIZ

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Por Francisco López Martínez

     Sentado en la terraza de un bar que hay en una placeta acogedora, tranquila, con una fuente en el centro, algunos viejos en los bancos. fui espectador, como siempre, de una escena del teatro de la vida, sencilla, hermosa como la juventud, suave y pacífica como la vejez.
     Al poco tiempo de estar allí,  se acercó a la sombra que protegía del sol, un abuelo joven con el cochecito del niño, colocó el coche de forma que no diese el sol al niño, del que yo no veía nada más que unos pies empeñados en quitarse los zapatos, nada más llegar, el abuelo comenzó a hablar al niño, siempre las mismas palabras. ¡!que bonita es mi niña!! Que bonita es mi niña!!, pero era tanto el cariño que transmitían y tanta la dulzura, que parecían siempre diferentes, al poco tiempo se acercó una joven señora, la conozco un poco de habarla vista trabajar en el pequeño bar, y continúo igual que el abuelo, mismas palabras, mismo cariño, misma música, le pregunté si era hija suya, me contesto que sobrina, la escena siguió largo tiempo; el abuelo giró el coche para proteger del sol al niño, le ví la carita, sonriente, feliz y yo conteniendo unas lágrimas oí desde lo más profundo de mi sensibilidad las mismas palabras que mil veces he repetido a una nietecilla.

25 feb 2011

EL MILAGRO DEL AMOR

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Por Francisco López Martínez

Recuerdo de un rostro de mujer en una película americana, siendo yo adolescente.
En una ciudad cualquiera, en la fiesta de la noche más importante del carnaval !!ilusiones, esperazas, olvidos!! Vuelan en un mundo diferente, esta noche todo es distinto, y la libertad, estandarte de la felicidad, invade la noche y las el mas.
Esa noche, una mujer joven, en su casa, ante el espejo, ve un rostro nada afortunado, se siente hija de un dios menor, tiene dudas, piensa no salir de casa, la inquieta su fealdad, alguna lágrima de tristeza sin destino se desliza lentamente por su rostro, pero la mujer coge y valiente, decide ponerse la careta que oculta igual belleza que cicatrices del alma y sale al encuentro de la noche y del destino
Disfrazada con elegancia, su hermoso cuerpo se mezcla a personas alegres en busca de lo incontable en el barrio, un baile popular atrae a la gente con la música que ofrece una humilde orquesta, ella, se acerca solo, a oír la música, y es tanta la serena armonía que su cuerpo desprende, que un hombre pide acompañarla en el baile; así empieza lo que ella teme que termine. A un baile sigue otro, a una hora otra, la noche se eternizo, la felicidad ha hecho presa en dos jóvenes que no se conocen, pero un reloj señala la hora fatídica, gentes que no se han visto nunca van a descubrir sus rostros, ella duda y quiere huir, pero a través de la máscara de él, ve unos ojos que ruegan seguir juntos, y a la última campanada, al descubrir sus rostros ve nobleza y asombro en el hombre, baja sus ojos con tristeza, pero él toma su cabeza con la dulzura del amor y ve el rostro más bello que jamás pudo imaginar, se abrazan ilusionados y comienza para ellos la dicha eterna de la juventud.
      Pintan ciego el amor, no es cierto. El amor es el milagro eterno de la vida.